John Deere reafirma su compromiso innovador en el segundo Día de la Sostenibilidad

John Deere reafirma su compromiso innovador en el segundo Día de la Sostenibilidad

La sostenibilidad es una de las prioridades de John Deere. La multinacional quiere dar respuesta a las exigencias de la sociedad con soluciones innovadoras que permitan a los agricultores y ganaderos incrementar las producciones preservando los recursos y atendiendo a las consecuencias del Cambio Climático.

El convulso escenario geopolítco actual, que llega a poner en duda la disponibilidad de alimentos para una población mundial en crecimiento incesante, es un factor añadido para el desafío que desde hace algunos años afronta el sector agroalimentario. De ahí que un coloso como John Deere dedique una parte importante de su capítulo de inversiones a desarrollar herramientas como las presentadas en Wadenbrunn (Alemania), durante la segunda edición de su Día de la Sostenibilidad, que se prolongó del 6 al 9 de septiembre, con la participación de más de un centenar de representantes de medios de comunicación, técnicos y generalistas, de toda Europa.

El programa de trabajo se apoyó en los criterios recogidos en el Informe de Sostenibilidad, donde la compañía establece metas y ofrece a los agricultores tecnologías y soluciones que proporcionen beneficios económicos y sostenibles, cumpliendo además con las demandas políticas recogidas en el Pacto Verde. En definitiva, demostrar sobre el terreno cómo se pueden reducir fertilizantes, pesticidas y emisiones de CO2. Para ello, dividió el programa de trabajo en cuatro estaciones en función del tipo de trabajo a realizar.

Cosecha y planificación

Fiel al lema después de ‘La cosecha es antes de la cosecha’, el resultado de ella debe analizarse precisamente con el fin de sacar conclusiones para el cultivo siguiente.

El producto destacado en este aspecto fue el sensor HarvestLab 3000 NIR, que utiliza tecnología de espectroscopia de infrarrojo cercano (NIR) para analizar los diversos constituyentes de los cultivos cosechados, el ensilado o el purín (un sensor, tres aplicaciones).

Su propósito es prevenir la fertilización excesiva o insuficiente midiendo, constantemente, los valores de los nutrientes durante la aplicación de purines gracias a la detección de abono. El sistema de reconocimiento permite a los agricultores aplicar Nitrógeno, Fosfato y Potasio de manera precisa en función de un objetivo de nutrientes y/o una tasa máxima en kg/ha, así como el ajuste automático de la longitud de picado en función del contenido de materia seca (recolección de cultivos).

Además, realiza un análisis de constituyente no sólo durante la carga sino también durante la aplicación (purín) y es utilizable como unidad de laboratorio estacionaria en el silo o la oficina para una preparación precisa de las raciones asegurando la salud del ganado.

Fertilización y siembra

Debido a los disparados precios de los abonos minerales, la fertilización líquida ha cobrado un protagonismo notable. Para los agricultores, ahora es importante aplicar estiércol con mayor precisión y así reducir pérdidas y, por consiguiente, costes. Aquí entra en escena la tecnología de precisión AutoPath, que gestiona automáticamente las líneas de guiado para accesorios de diferente anchura a lo largo del año de cultivo, desde el mínimo laboreo hasta la cosecha.

Durante el laboreo o la siembra, un receptor StarFire montado en el apero registra la ubicación exacta de cada hilera de cultivo. Esta información se almacena automáticamente en el John Deere Operations Center y es usada por AutoPath para crear líneas de guiado precisas para cada hilera de cultivo, que pueden ser empleadas por otras operaciones. Estas líneas de guiado cubren límites externos, internos, cabeceros e hileras de cultivo.

El ejemplo mostrado en la jornada de Wadenbrunn se centró en maíz, donde primeramente se inyecta el purín en hileras a unos 10-12 cm de profundidad, sin necesidad de labranza previa, lo que ahorra una pasada. A continuación, se realiza la siembra con una sembradora de precisión, que deposita las semillas justamente sobre las zonas con purín, buscando la mayor disponibilidad de nutrientes y reducir las pérdidas por lixiviación o emisiones. Los datos obtenidos por GPS son utilizados para esta labor.

Tras la siembra, el análisis preciso del contenido del purín es un requisito básico para una óptima fertilización, por lo que el sensor HarvestLab 3000 NIR juega un papel importante porque además de su uso instalado en la máquina puede emplearse como dispositivo de sobremesa para el análisis del forraje.

Protección de cultivos

En esta tarea resulta esencial alcanzar la mayor precisión posible en los tratamientos y así evitar solapamientos y ajustar la dosis adecuada. Técnicamente, estos problemas se pueden resolver mediante un seguimiento preciso controlado por GPS (AutoTrac), apertura/cierre de secciones de la barra pulverizadora (SectionControl) y el sistema de control individualizado de boquillas (ExactApply).

En un escenario de reducción de costes y preservación del medio ambiente y de los suelos, los trabajos de precisión ganan terreno. En el caso de la fertilización, una misma parcela, con un mismo cultivo, requerirá dosis diferentes en cada zona de acuerdo con la información obtenida por sensores o por imágenes mediante dron, a partir de la cual se realizan los mapas de aplicación.

El avance de la digitalización también ofrece la oportunidad de que los métodos mecánicos sean utilizados con mayor precisión y, por lo tanto, cobren más importancia. Es el caso de la escardadora, que en el caso de la utilizada durante la demostración (marca Monosem) incorporó el sistema AutoPath que ajusta la máquina a las hileras previamente trazadas y registradas por la sembradora.
Electrificación

Uno de los objetivos definidos en el John Deere Leap Ambition es la reducción de las emisiones de CO2, pero desde tres perspectivas: en la producción propia (fábricas), ofreciendo tecnologías y soluciones que ayuden a los agricultores en esta tarea y en el nivel de emisiones de la maquinaria John Deere.

Por ahora, la electrificación solo ha llegado de forma limitada al ámbito de los equipos agrícolas. Mientras continúa trabajándose en soluciones viables por encima de los 100 CV, por debajo de esa barrera de potencia John Deere persigue la electrificación en todos los segmentos de productos. La compañía se ha fijado como meta el año 2026 para lanzar una alternativa de accionamiento eléctrico en cada línea de productos dirigidos a espacios verdes, vehículos compactos utilitarios y tractores especializados en trabajos de mantenimiento. Para el sector agrícola tiene previsto ofrecer un tractor eléctrico autónomo alimentado por batería, por debajo de los 100 CV.

Un paso importante hacia la electrificación parcial es el inicio de la comercialización del poderoso 8R 410 eAutoPowr (en sus tres versiones: 8R, 8RT y 8RX -ruedas, bandas de goma y mixto-), que se convierte en el primer tractor que ofrece una transmisión infinitamente variable con división de potencia electromecánica por encima de los 400 CV.

Este desarrollo de John Deere y Joskin representa la primera caja de cambios de potencia electromecánica aplicada en tecnología agrícola. Técnicamente, se prescinde de la unidad hidráulica (bomba/motor) y se utilizan dos motores eléctricos como un actuador de variación continua. Un generador incorporado en el tractor proporciona la electricidad. Los motores eléctricos se han especificado para que no solo suministren energía al variador, sino que también puedan proporcionar hasta 100 kW para consumo externo. Esta solución de electrificación del implemento la aplica también Joskin en sus cisternas esparcidoras de estiércol, donde dos ejes en un esparcidor tridem son accionados eléctricamente.

Gracias a su capacidad de control mejorada, es muy previsible que los accionamientos eléctricos ganen protagonismo en el camino hacia una precisión aún mayor. Un ejemplo es la sembradora monograno ValoTerra, de Monosem. Hasta la llegada de unidades eléctricas de batería viables disponibles en las clases de potencia superior, la agricultura tendrá que buscar otras alternativas para conseguir reducciones significativas de CO2.